Desde la tensión casi insoportable en una película de James Bond hasta ese coro de Lady Gaga que todos gritamos en la fiesta, y pasando por las épicas partidas de poker online en Twitch, el póker es un fenómeno que se coló en nuestra cultura.

Estas son algunas influencias interesantes que ha tenido el mítico juego de cartas en las pelis, canciones y hasta videojuegos que tanto nos gustan.

Así ha cambiado el póker en la gran pantalla

El cine de antes era mucho más atmosférico. Un buen ejemplo es Casablanca (1942). En el café de Rick, el juego era el telón de fondo perfecto para el drama y la corrupción que se desarrollaban en la trama.

A nadie le importaban realmente las cartas. Lo que contaba era quién controlaba la mesa y, por lo tanto, la vida de los demás en ese garito lleno de humo y secretos.

Pero todo cambió a finales de los 90. En ese entonces llegó Rounders (1998) y nos voló la cabeza. En la película, un jovencísimo Matt Damon le quitó al póker la etiqueta de «juego de suerte» y le puso la de «deporte mental».

Los protagonistas de Rounders eran estrategas, es decir, tipos que leían a sus rivales y calculaban probabilidades con la cabeza fría. Esa fue la primera vez que muchos vimos el póker como un verdadero juego de habilidad.

Claro está, el espectáculo siempre vende. Y para eso tenemos a James Bond en Casino Royale (2006). Esa mano final entre el 007 y Le Chiffre es legendaria y, siendo realistas, ridículamente improbable.

Las posibilidades de que cuatro jugadores tengan manos tan altas en la misma jugada son casi cero. Pero ¿a quién le importa? Igual, la tensión fue casi insoportable.

Y así, el cine transformó la imagen del jugador de póker. Antes se pensaba en un mafioso con sombrero en un bar clandestino. Ahora, nos imaginamos a un gladiador mental que lucha en un duelo de intelectos.

La música también suena al ritmo del póker

Con Texas Hold ‘Em, Beyoncé no solo nos regaló un hit viral de TikTok, sino que usó el juego de cartas para algo mucho más grande.

En su salto al country, Queen B se apropió del póker para reivindicar las raíces afroamericanas del género. En su canción, el juego es una fiesta y no esa competencia fría que siempre viene a la mente.

Pero mucho antes de Beyoncé, ya había un maestro en esto. El himno por excelencia es The Gambler de Kenny Rogers. Y su magia no está en darte trucos para ganar. Aquí nos dan un manual sobre cuándo arriesgarlo todo (all-in) y cuándo es mejor retirarse (fold).

Y si nos vamos a un terreno más pop, tenemos que hablar de Lady Gaga. Poker Face es una genialidad. Gaga usa la famosa «cara de póker» como una metáfora para hablar de ocultar lo que sientes y de tu propia sexualidad. Se trata de cómo jugar tus cartas en el amor, de mantener el control sin revelar tu juego.

Al final, la música incluso hizo lo suyo con el vocabulario del póker. Términos como all-in, bluff o fold ya no son solo para una mesa de juego. Ahora, forman parte de un lenguaje universal para hablar de los riesgos y las recompensas de la vida.

El póker es lo que te convierte en Arthur Morgan

Si jugaste Red Dead Redemption (cualquiera de los dos), sabes de qué hablamos. Sentarte a una mesa de póker en una cantina polvorienta es divertido, sí. Pero también es una de las herramientas de inmersión más bestias que ha creado Rockstar Games. Cuando tomas las cartas, te conviertes en Arthur Morgan.

Ese minijuego te obliga a soltar el revólver y bajar el ritmo. Te sientas. Observas a los otros personajes. Escuchas sus conversaciones triviales y sientes la tensión en cada apuesta. Ahí es cuando vemos otra faceta de tu forajido, la de un tipo que pasa el rato en un bar del Viejo Oeste.

La cosa es que Rockstar se obsesionó con los detalles, y se nota. Que se tomaran la molestia de crear un sistema de póker tan bien hecho es lo que separa a un buen juego de una obra maestra. Son esos detalles que no tenían por qué estar ahí, pero que hacen que todo se sienta vivo.

Red Dead Redemption nos mostró que el póker puede ser un medio poderoso para crear atmósfera. Son solo cartas, pero te permiten sentir el pulso del Lejano Oeste sin disparar una sola bala.

Comunicóloga. Amo los conciertos, las series, los gatos y conectar con otros a través de lo que escribo.